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Discurso
del Primer Ministro Jean Chrétien
A
la Cámara de Comercio e Industria de Metropolitan
27
de febrero de 2001
Québec,
Québec
Hace
algún tiempo ya que ustedes han venido escuchando mucho acerca de la
Cumbre de las Américas que pronto tendrá lugar aquí en la ciudad de Québec.
Yo también quiero hablarles acerca de la Cumbre con la esperanza de
ofrecerles un punto de vista diferente con relación a éste
extraordinario ejercicio de democracia.
Vivimos
en un mundo rápidamente cambiante. Casi
a diario, los medios de comunicación reportan algún descubrimiento científico
o tecnológico que transformará radicalmente nuestros hábitos o forma de
vida. Cambios duraderos y profundos están transformando nuestras
sociedades alrededor del mundo. La revolución en comunicaciones e
información que permite a todos la posibilidad de conquistar distancias y
ganar acceso al conocimiento es un ejemplo gran ejemplo de ello.
La
política exterior de Canadá también ha cambiado para mejor reflejar éstas
nuevas realidades. Hemos
expandido y mejorado nuestras relaciones con los países de las Américas.
Hemos adoptado una identidad hemisférica.
Estos cambios talvez no constituyen encabezados de prensa, pero son
profundos y duraderos.
En
los últimos 10 años, la consolidación de la democracia y la emergencia
de una economía de mercado han tenido un impacto positivo en nuestro
hemisferio. Y Canadá está orgullosa de haber contribuido en este
proceso. Un proceso que nos ha llevado a diversificar nuestras relaciones
con nuestros vecinos y a explorar nuevas avenidas de cooperación con
ellos, de tal manera que Canadá, también, ha salido transformada de éste
proceso.
Como
empresarios, ustedes están conscientes de los beneficios que ganamos a
través de nuestras dinámicas relaciones con las naciones de las Américas.
Estas naciones significan más del 90% de nuestro comercio exterior.
Actualmente, México es nuestro tercer socio comercial. Y un gran
porcentaje de la inversión Canadiense va a Chile.
El
aumento más grande en comercio exterior de Canadá en la última década
viene del incremento en comercio con los países de nuestro hemisferio.
Durante los últimos 10 años nuestro comercio dentro de las Américas
aumentó en un 170% comparado con el 60 y 66% en aumento de comercio con
Europa y Asia respectivamente.
Las
acciones de Canadá han sido guiadas y motivadas, creo yo, por un concepto
amplio y abierto de nuestros intereses nacionales y por el reconocimiento
de que nuestro propio futuro como una nación próspera, estable y democrática
depende en nuestra habilidad de continuar influenciando el curso de
eventos en nuestro hemisferio.
Hace
diez años Canadá se embarcó en un viaje de cooperación hemisférica. Y
en unas semanas llegaremos a un hito en este viaje cuando le demos la
bienvenida a la Ciudad de Québec a los democráticamente electos líderes
de éste hemisferio para la Tercera Cumbre de las Américas.
Esta
reunión tiene especial importancia. No solo para Canadá, sino también
para todos los países participantes.
Primero,
le recordará a todo el mundo, que las Américas son, más que una
realidad geográfica, una “gran familia.” Una familia de más de 800
millones de personas. Una familia joven, ya que la edad promedio de los
500 millones de personas que viven al sur de los Estados Unidos es entre
17 y 21 años. Es dentro de
ésta familia que queremos establecer vínculos cercanos basados en
valores compartidos.
Claro
es que cada país está orgulloso de su identidad y determinado a
preservarla. Sin embargo todos sentimos que en otro nivel, compartimos un
conjunto de aspiraciones y valores, incluyendo un apego a la democracia,
mercados justos y justicia social. Es nuestro objetivo común mejorar la
calidad de vida de todos nuestros ciudadanos.
Cuando
recientemente me dirigí a la Asamblea de Estados Americanos, hablé de
los medios disponibles para promover el progreso humano y la prosperidad
compartida en nuestro entorno. Porque no solo tenemos una oportunidad histórica,
sino también una obligación moral de trabajar juntos para el bienestar
de todos nuestros ciudadanos.
Hoy
quiero hablarles de cómo todo esto vendrá a conjugarse en la Cumbre de
Québec.
Primero
que nada, reconozcamos que algunos retos y
problemas complejos están distrayendo a la gran familia de las Américas
de cumplir con nuestros objetivos comunes.
Pero estoy firmemente convencido que podremos enfrentar estos
problemas y solventarlos con la misma determinación que nos reunió en
Miami y Santiago y que nos apoyará para seguir adelante.
También
debemos admitir que a pesar de la abundancia de potenciales recursos, aún
existen inequidades profundas de carácter político, social y económico
en las Américas. La brecha entre ricos y pobres es demasiado grande. Y en
la nueva economía, nos enfrentamos ahora a la distribución desigual del
conocimiento. Además, las democracias emergentes no cuentan con las
instituciones sólidas que los valores democráticos requieren para
enraizarse. Debemos trabajar
juntos para desarrollar políticas sociales más amplias y efectivas.
Y debemos identificar maneras para incrementar y mantener
inversiones en servicios sociales.
Para
muchos, la globalización y los cambios tecnológicos que conllevan son la
única causa de estos retos y problemas.
Sin embargo, este argumento no se sostiene ante el análisis y
tampoco está avalado por hechos.
La
globalización no es una opción que uno escoge de entre otras. Es una
realidad con la que nos encontramos día con día. Por sí misma no es ni
el cielo ni el infierno. Pero,
como dijo el Primer Ministro Británico durante su visita a Ottawa la
semana pasada, la globalización puede ser
“la clave para los empleos de nuestra gente, la prosperidad y
ciertamente el desarrollo de las partes más pobres del mundo.”
Nuestra
respuesta a la globalización no debe ser motivada por miedo irracional ni
entusiasmos ciegos. Sino que
juntos debemos desarrollar los instrumentos que le den a todos los
miembros de nuestra gran familia la misma y justa oportunidad de
beneficiarse de ella.
En
suma debemos poner el bienestar de nuestros ciudadanos en primer lugar y
sobre todo reconocer que solamente podrán realizar todo su potencial si
su seguridad está asegurada, si sus derechos humanos y democráticos son
respetados y si se les otorga igual acceso a oportunidades sociales y económicas.
Ese
es el reto que los líderes de las Américas electos democráticamente
enfrentarán en la Ciudad de Québec – adoptando una declaración y un
plan de acción que expresen nuestra voluntad política colectiva y que
establezcan una serie de iniciativas que respondan a nuestras prioridades
más urgentes.
No
puedo enfatizar más lo siguiente: Desde el punto de vista de Canadá, la
cosa más importante en la Cumbre de Québec City es que los participantes
se involucren en un esfuerzo común para implementar un programa político,
económico y social que sea a la vez coherente y balanceado. Un programa
que beneficie a todos los ciudadanos del hemisferio y que asegure la
estabilidad, la paz y la prosperidad de nuestra región del mundo.
En
otras palabras, y contrariamente a lo que otros dicen, la cumbre no será
nada más acerca del Tratado de Libre Comercio de las Américas.
Ciertamente, la integración económica estará en la agenda; después de
todo, toda familia debe considerar sus finanzas. Pero las familias son más
que presupuestos. Y la Cumbre
es más que un vehículo para promover el crecimiento económico.
Los
líderes y los pueblos de las Américas saben que la democracia, el
respeto a los derechos humanos y el respeto a las leyes son las mejores
maneras de garantizar la seguridad humana y el bienestar de nuestros
ciudadanos, individual y colectivamente.
Sin
embargo la gente está muy consciente de lo difícil que es mantener la
seguridad en un contexto de pobreza e inequidad.
El compromiso debe extenderse a nuestras instituciones democráticas,
nuestras máquinas electorales, a los sistemas imparciales de justicia, así
como a la protección de los derechos humanos y la libertad de expresión.
Esto
significará facultar a los gobiernos locales y salvaguardar los derechos
de las minorías, los pueblos indígenas, los trabajadores indocumentados
y los deshabilitados. También significará hacer la promesa más fuerte
de promover la igualdad social, legal y económica de mujeres y hombres.
Y
también debemos continuar con nuestro trabajo en el campo de la integración
económica con miras a la creación de un Área de Libre Comercio de las
Américas.
Seguimos
comprometidos con el calendario anunciado en Santiago para la creación de
esta Área para el año 2005. Dados su temperamento y su historia, Canadá
apoya el libre comercio recíproco. Comprendemos los vínculos entre la
liberalización, la prosperidad y el progreso. Y creemos que un área de
libre comercio junto con un conjunto de reglas claras para todos es la
mejor manera de establecer estos vínculos en todo el hemisferio tanto en
países grandes como pequeños.
Al
mismo tiempo, Canadá está consciente de que la prosperidad y la calidad
de vida que queremos tanto para nosotros como para generaciones venideras
no pueden depender solamente del comercio.
Por
eso es que el Plan de Acción de la Cumbre en su capítulo acerca de la
Creación de Prosperidad va más allá de relaciones económicas entre países
para abordar la igualdad de oportunidades, la responsabilidad social y la
equidad.
El
enfoque es en iniciativas para promover los intereses de todos nuestros
ciudadanos. Estas iniciativas están separadas de la creación del área
de libre comercio y podrían incluir eficientar los mercados financieros,
proteger los derechos de los trabajadores y el medio ambiente y la búsqueda
de un método de cooperación que haría posible la mejor distribución de
los beneficios económicos.
Señoras
y Señores, la Cumbre de la Ciudad de Québec se debe ver como un hito
importante y significativo en el viaje de las Américas.
Para cuando éste viaje haya terminado, habremos convertido
nuestras ideas y aspiraciones en una mejor calidad de vida para todos los
ciudadanos del hemisferio.
Esos
son los retos y oportunidades que nos esperan en la ciudad de Québec. Yo
estoy convencido de que con creando una causa común, juntos abriremos
brecha en el camino a la libertad, la prosperidad y la justicia social
desde Nunavut hasta Tierra del Fuego.
Fuente: Oficina del Primer Ministro, Prime Minister's
Office, Cabinet du Premier ministre |